OPINION Anticompetitivo en perspectiva histórica por Thomas K. McCraw y Richard S. Tedlow Efore de B él hizo un juez federal, Roberto polémico Bork etiquetado una vez anticompetitivo “una política en la guerra con sí mismo.” En este caso, él tenía razón. Las legislaciones relativas a la competencia son problemáticas. Eso no es, sin embargo, decir que están sin valor. El problema con anticompetitivo es que los americanos nunca han venido a los términos con qué negocio sí mismo debe ser. ¿Es un método para entregar mercancías a los consumidores en los precios bajos? ¿Es un mecanismo para proporcionar el empleo? ¿Es una herramienta para afirmar energía nacional al exterior? ¿Es un vehículo para el carácter del edificio? Muchos americanos contestarían sí a todas estas preguntas. Todavía, los conceptos del negocio que cada pregunta implica pueden ser (y haber tendido históricamente para ser) mutuamente exclusiva. Todos desea mercancías y las mantiene hecho disponible en los precios bajos. Pero la realización de esa meta significa a menudo las compañías grandes del edificio para capturar economías a escala. Esto, alternadamente, significa que el poner “mamá-y-hace estallar” las operaciones acariciadas en saber americano fuera de negocio. De hecho, la creación de la confianza estándar del aceite en 1882, que puso a compañías pequeñas de negocio y bureaucratized relaciones económicas, era una razón principal del paso del acto anticompetitivo de Sherman en 1890. La mayoría de la gente quisiera ver negocio proporcionar buenos trabajos en los buenos salarios. Todavía, muchos negocios acertados envían sus trabajos en ultramar, y han arruinado a algunas compañías que han intentado paternalistically garantizar buenos trabajos, en la última década, en los mercados de productos y los mercados financieros. En esforzarse estar de ventaja a la sociedad americana y a la economía, anticompetitivo ha tenido éxito en el reflejo de las uno mismo-contradicciones diversificadas con las cuales los americanos ven negocio. Ésa que es dicha, cuando uno mira historia, allí es también discusiones que se harán a favor de anticompetitivo. Hace un siglo, Andrew Carnegie preguntó a comité del congreso: “Hacerte realmente cuentan con a hombres contratados a una lucha activa hacer una vida en la fabricación que se fijará sobre leyes y tus decisiones, y qué se aplica aquí, allí, y por todas partes?” Carnegie no estaba solo en su actitud cavalier, y ésa es una razón por la que el gobierno se encontró forzado por los miedos (algún fantástico pero otros justificados absolutamente) del electorado actuar. Las firmas tales como acero de Carnegie, aceite estándar, y tabaco americano se parecían ser los monstruos, arquetipos de un poco de monstruo destructor económico tremendo que daba vuelta a negocio convencional al revés y pudo terminar encima de destruirlo en conjunto. Alguna gente incluso predijo que una confianza enorme vendría dominar la economía americana entera. Esto puede parecerse divertido ahora, pero en el contexto de los tiempos no. Al final del siglo había una onda dramática de la consolidación corporativa. Durante el período 1897Ð1904 solamente, combinaron a 4.227 compañías americanas en 257 combinaciones, a veces fuertemente. Antes de 1904, unas 318 firmas grandes fueron alegadas para controlar cerca de 40 por ciento de los activos de la fabricación de la nación entera. Nada como esta concentración repentina del poder económico había ocurrido siempre en historia americana. Un resultado era un disempower-ment parcial de artesanos individuales. Totales, sus rentas tendieron para levantarse mientras que su sentido de la autonomía se contrajo. Otros segmentos de la sociedad americana también se consideraron mientras que la tierra perdidosa como funciones de la producción y de la comercialización vino junta dentro de las mismas compañías y que estas compañías crecieron siempre más grandes. Los comerciantes, que habían sido de largo jugadores de gran alcance en la economía americana, comenzaron a ver sus funciones hechas obsoletas como comercialización comenzada las compañías grandes directamente a los minoristas. Los minoristas perdieron mucha de su propia energía que estipulaba, como produciendo a compañías llegaron a ser más grandes y más autónomos. Incluso los productores, si sucedieron ser operadores pequeños de las refinerías de petróleo, de los trabajos del hierro, y de las fábricas del cigarrillo, no podrían comenzar a competir con los gigantes nuevos. Hicieron frente tan a menudo a la perspectiva de la venta hacia fuera o de ir debajo. Para todos sus numerosos defectos, la política anticompetitiva sobre los años ha tenido efectos de gran alcance en la colusión que controlaba, parando cárteles, previniendo fusiones anticompetitivas, eliminando mantenimiento de precio de reventa, y animando espíritu emprendedor. Quizás el más importante, las legislaciones relativas a la competencia han constituido una expresión formal por el gobierno americano que los intereses de la gente vienen antes de los de cualquier compañía, al menos de gran alcance. Aunque ésta pudo parecerse ser una precaución innecesaria en una era de la competición internacional vigorosa, no cada industria se expone a tal competición. Y para muchos que sean, la exposición es solamente un fenómeno reciente. Para la mayor parte de la historia americana, leyes de la tarifa protegieron o eran tanto más fuertes a las compañías en la economía doméstica que las firmas de non-U.S. que podrían actuar bastante mucho como satisficieron. Durante los años de la guerra II del postÐWorld, la mayoría de los gobiernos nacionales en Europa occidental aprobaron los leyes que se asemejaban al acto de Sherman de América. La Comunidad Europea particularmente instituyó las regulaciones rigurosas diseñadas analiza las barreras comerciales y maximiza el competit del interfirm ion within and across national boundaries. Tough antitrust laws are also on the books in Japan, although their enforcement is more casual and selective than in the United States and Europe. Even so, the most telling tribute to the wisdom and efficacy of the American antitrust system has been its widespread emulation abroad. The task of defining effective competition may be difficult, and U.S. antitrust enforcers have made a great many mistakes over the years. But in general they have managed to move toward outcomes that have been not without economic and social benefit. Thomas McCraw and Richard Tedlow are professors at Harvard Business School.
jueves, 2 de agosto de 2007
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